miércoles, 4 de enero de 2012

¿Quién se llevó mi identidad?

Labrarse una identidad cuesta trabajo. Es un proceso largo, a veces doloroso, a menudo lleno de rupturas, necesitado de cambios y adaptaciones y normalmente siempre inacabado.
Es difícil llegar a una identidad sin haber clarificado y adoptado antes unos valores y atenerse a unos principios. Por muchos cambios que uno experimente y muchas adaptaciones que uno haga, estos valores y principios deben permanecer en el tiempo. Las vías pueden cambiar, pero el destino, el rumbo y las normas del viaje deben permanecer. Los paisajes que se atraviesen se sucederán como fruto del viaje y el destino que se quiere alcanzar. El paisaje no puede imponer la ruta, por muy bonito que pueda ser.

Érase una vez un partido político al que le costó mucho tiempo, trabajo, esfuerzo y hasta sangre labrarse una identidad. Por el camino hubo épocas de clandestinidad, persecución, ilegalizaciones, escisiones, adhesiones, rupturas, derrotas y victorias. En todo este tiempo no perdió nunca de vista sus valores y sus principios. La gente lo identificaba fácilmente y lo diferenciaba con claridad de otras opciones.
Como todo partido político aspiraba a gobernar y tras poco más de un siglo lo logró. De hecho es el partido que más años ha gobernado desde 1977.

En sus años de gobierno ha habido (más) luces y (que) sombras, (más) logros y (que) fracasos, pero ha ocurrido algo realmente alarmante a lo que no se le ha prestado, por varias razones, la atención que merece: Los ciudadanos que antes tan claramente  lo distinguían de otras opciones, empezaron a pensar y a decir que: "Todos los políticos son iguales"¡Infamia, mentira!, ¡los que piensan así son de derechas!, ¡no se enteran de lo que se ha hecho!...Arreglado.¿Arreglado? Parece que no.

Si hacemos un análisis menos fácil de por qué hay tantas personas (no todas infames, ni todas de derechas, ni todas mal informadas) que piensan así extraeremos algunas conclusiones:

La ausencia de corrupción ya no nos distingue con claridad.
Compartimos con otras opciones el amor a la poltrona.
No reconocemos los errores nada más saber que los hemos cometido.
...

Peor que todo esto, es la práctica de un deporte por la cual hemos sido capaces de confundir y confundirnos: La caza del voto. El voto que recibes ha ser una consecuencia de tus valores (solidaridad, igualdad real de oportunidades) de no abandonar tus principios (honradez, sinceridad) y de los medios que propongas para gobernar (redistribución, defensa de lo público). No puede determinar tu forma de gobierno. El ansia de votos provoca su pérdida y hace que pierdas tu identidad. Nadie nos la ha robado, nos la hemos dejado temporalmente por el camino.