Érase una vez un partido político que se olvidó de sus siglas. Hoy día no es raro encontrarse con simpatizantes o hasta militantes preguntándose qué es ser socialista. Peor que eso es ver como altos cargos del partido, que cuando se dirigen a la opinión pública parecen tener muy claro lo que significa ser socialista, luego generan confusión o desilusión entre sus potenciales votantes al ver estos las políticas que desarrollan en la práctica.
A veces me pregunto porqué soy socialista. Yo, un niño de familia bien, educado en buen colegio y de abuelos y padres franquistas. Encuentro fundamentalmente dos razones. Una, no soy codicioso (imprescindible para ser un buen neoliberal y para justificar sus políticas) y dos, aborrezco los análisis simplistas y superficiales de la realidad social (también muy importante si se quiere adorar al dios de los mercados). Vamos a ver con un poco de detenimiento estos dos requisitos de los que carezco.
La codicia está en la base de todas las políticas neoliberales. Leyendo a cualquier autor de esa escuela, se ve como dan por sentado que cualquier empresa o persona, es o debe ser, una máquina insaciable de amasar dinero. Y no solo lo justifican, sino que les parece natural y hasta deseable para la sociedad. (A los ricos hay que cuidarlos, porque así quedará algo para los pobres que sin ellos serían aun más pobres). Cualquier crisis del sistema capitalista desde la famosa del crack del 29 hasta la que ahora nos asola tiene que ver con la codicia de unos pocos por ganar lo más posible en el menor tiempo posible y de cualquier forma posible. No es que los socialistas estemos a favor de una economía de planificación central, aislada y dominada por el partido único. Es que estamos a favor de las políticas de fiscalidad progresiva y de redistribución de la renta para que se produzca una real igualdad de oportunidades, pero claro esto, según los neoliberales, es imposible, porque los capitales siempre se fugarán allí donde la presión fiscal sea menor. Y en eso es en lo único en lo que estoy de acuerdo con ellos. Tengamos en cuenta que la corrupción no es un problema para el electorado de derechas, es más la aplauden y la premian con más votos. Es imprescindible por tanto, si realmente queremos poder hacer una política socialista, que el gobierno quiera y pueda controlar esas fugas y para ello debemos lograr la desaparición de todos los paraísos fiscales que hay sobre la tierra además tener una política fiscal unificada en la Unión Europea. El enemigo ahora no es el que detenta los medios de producción, es el especulador y el evasor. Por cada persona que se ha hecho rica trabajando hay muchas más que lo han hecho especulando mediante información privilegiada (o sea no produciendo nada de valor para la sociedad) y evadiendo los capitales a paraísos fiscales.
En cuanto a los análisis simplistas no hay más que leer, por ejemplo, a uno de los gurús principales del neoliberalismo actual: Xavier Sala i Martín, nacido en Cabrera de Mar, curiosamente norteamericano, y anterior tesorero de la junta directiva del Barça encabezada por el señor Laporta. Don Xavier ha escrito un libro de economía para no liberales y no economistas. En él nos explica las bondades de la economía neoliberal, mediante análisis de una profundidad ideológica pasmosa. La explotación infantil no es del todo buena, pero es mejor que la prostitución infantil (en el fondo tiene razón). Los sueldos de miseria y las jornadas laborales interminables no son del todo buenos, pero mejoran algo la vida de mucha gente en el tercer mundo (en el fondo tiene razón). Los ricos deben contribuir más que los pobres, pero es que los más ricos contribuyen realmente infinitamente más que los pobres (en el fondo tiene razón).
Solo son algunos ejemplos del compendio de sabiduría y agudeza mental de este insigne profesor de Columbia galardonado en infinidad de foros. Recomiendo leer la opinión que le merece a Viçens Navarro.
jueves, 22 de marzo de 2012
miércoles, 4 de enero de 2012
¿Quién se llevó mi identidad?
Labrarse una identidad cuesta trabajo. Es un proceso largo, a veces doloroso, a menudo lleno de rupturas, necesitado de cambios y adaptaciones y normalmente siempre inacabado.
Es difícil llegar a una identidad sin haber clarificado y adoptado antes unos valores y atenerse a unos principios. Por muchos cambios que uno experimente y muchas adaptaciones que uno haga, estos valores y principios deben permanecer en el tiempo. Las vías pueden cambiar, pero el destino, el rumbo y las normas del viaje deben permanecer. Los paisajes que se atraviesen se sucederán como fruto del viaje y el destino que se quiere alcanzar. El paisaje no puede imponer la ruta, por muy bonito que pueda ser.
Érase una vez un partido político al que le costó mucho tiempo, trabajo, esfuerzo y hasta sangre labrarse una identidad. Por el camino hubo épocas de clandestinidad, persecución, ilegalizaciones, escisiones, adhesiones, rupturas, derrotas y victorias. En todo este tiempo no perdió nunca de vista sus valores y sus principios. La gente lo identificaba fácilmente y lo diferenciaba con claridad de otras opciones.
Como todo partido político aspiraba a gobernar y tras poco más de un siglo lo logró. De hecho es el partido que más años ha gobernado desde 1977.
En sus años de gobierno ha habido (más) luces y (que) sombras, (más) logros y (que) fracasos, pero ha ocurrido algo realmente alarmante a lo que no se le ha prestado, por varias razones, la atención que merece: Los ciudadanos que antes tan claramente lo distinguían de otras opciones, empezaron a pensar y a decir que: "Todos los políticos son iguales"¡Infamia, mentira!, ¡los que piensan así son de derechas!, ¡no se enteran de lo que se ha hecho!...Arreglado.¿Arreglado? Parece que no.
Si hacemos un análisis menos fácil de por qué hay tantas personas (no todas infames, ni todas de derechas, ni todas mal informadas) que piensan así extraeremos algunas conclusiones:
La ausencia de corrupción ya no nos distingue con claridad.
Compartimos con otras opciones el amor a la poltrona.
No reconocemos los errores nada más saber que los hemos cometido.
...
Peor que todo esto, es la práctica de un deporte por la cual hemos sido capaces de confundir y confundirnos: La caza del voto. El voto que recibes ha ser una consecuencia de tus valores (solidaridad, igualdad real de oportunidades) de no abandonar tus principios (honradez, sinceridad) y de los medios que propongas para gobernar (redistribución, defensa de lo público). No puede determinar tu forma de gobierno. El ansia de votos provoca su pérdida y hace que pierdas tu identidad. Nadie nos la ha robado, nos la hemos dejado temporalmente por el camino.
Es difícil llegar a una identidad sin haber clarificado y adoptado antes unos valores y atenerse a unos principios. Por muchos cambios que uno experimente y muchas adaptaciones que uno haga, estos valores y principios deben permanecer en el tiempo. Las vías pueden cambiar, pero el destino, el rumbo y las normas del viaje deben permanecer. Los paisajes que se atraviesen se sucederán como fruto del viaje y el destino que se quiere alcanzar. El paisaje no puede imponer la ruta, por muy bonito que pueda ser.
Érase una vez un partido político al que le costó mucho tiempo, trabajo, esfuerzo y hasta sangre labrarse una identidad. Por el camino hubo épocas de clandestinidad, persecución, ilegalizaciones, escisiones, adhesiones, rupturas, derrotas y victorias. En todo este tiempo no perdió nunca de vista sus valores y sus principios. La gente lo identificaba fácilmente y lo diferenciaba con claridad de otras opciones.
Como todo partido político aspiraba a gobernar y tras poco más de un siglo lo logró. De hecho es el partido que más años ha gobernado desde 1977.
En sus años de gobierno ha habido (más) luces y (que) sombras, (más) logros y (que) fracasos, pero ha ocurrido algo realmente alarmante a lo que no se le ha prestado, por varias razones, la atención que merece: Los ciudadanos que antes tan claramente lo distinguían de otras opciones, empezaron a pensar y a decir que: "Todos los políticos son iguales"¡Infamia, mentira!, ¡los que piensan así son de derechas!, ¡no se enteran de lo que se ha hecho!...Arreglado.¿Arreglado? Parece que no.
Si hacemos un análisis menos fácil de por qué hay tantas personas (no todas infames, ni todas de derechas, ni todas mal informadas) que piensan así extraeremos algunas conclusiones:
La ausencia de corrupción ya no nos distingue con claridad.
Compartimos con otras opciones el amor a la poltrona.
No reconocemos los errores nada más saber que los hemos cometido.
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Peor que todo esto, es la práctica de un deporte por la cual hemos sido capaces de confundir y confundirnos: La caza del voto. El voto que recibes ha ser una consecuencia de tus valores (solidaridad, igualdad real de oportunidades) de no abandonar tus principios (honradez, sinceridad) y de los medios que propongas para gobernar (redistribución, defensa de lo público). No puede determinar tu forma de gobierno. El ansia de votos provoca su pérdida y hace que pierdas tu identidad. Nadie nos la ha robado, nos la hemos dejado temporalmente por el camino.
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